El adolescente del Siglo XXI♥
Los y las adolescentes que comienzan este siglo son, sin dudas, muy diferentes que los de las generaciones anteriores y, paradójicamente, muy semejantes a ellos y ellas, es decir a sus referentes cercanos, los adultos.
El resultado fue variado, aquellos que mantuvieron un marco normativo estable, pero aceptaron algunas novedades que la época imponía, pudieron sostener un buen vínculo con sus hijos e hijas a pesar de las fallas en la comunicación; los que copiaron la mala comunicación de generaciones anteriores y pretendieron sostener pautas que iban totalmente en contramano de los tiempos, llegaron a la física o paquellos que con un look joven y una buena comunicación no renegaron de su papel, sostuvieron normas elásticas y diferentes de la de los abuelos, pero algunas normas y algunos límites fueron colocados logrando buenos resultados. Los que renegaron totalmente de su responsabilidad y cayeron en el compinchismo y la demagogia, dejaron huérfanos a sus hijos que tuvieron que ser adoptados por otros abuelos, amigos, la televisión, la escuela, quedar sin marco normativo o bien improvisarse padres de sí mismo. Finalmente, el grupo más numeroso fueron los adultos inseguros que, huérfanos ellos mismos de un modelo, porque sentían que lo antiguo ya no era viable y que adolescentizarse no era bueno, quedaron a la deriva, víctimas de sus angustias e inseguridades, reaccionando a veces de manera autoritaria y otras veces demagógica. aquellos y aquellas que asumieron la necesidad de pensar y repensar qué adultos querían ser, que aceptaron errores y reconstruyeron, siempre lograron buenos resultados.
Por todo esto, la adolescencia actual es producto de todos estos cambios, de todos nuestros cambios como adultos, sin embargono se ha perdido la necesidad de figuras que ocupen el papel de adultos. Diferente del adulto que creía saberlo todo y no permitía la crítica, un adulto que acompañe, que ponga límites, que contenga la angustia. Tampoco se ha perdido la dificultad para enfrentar los grandes cambios de la etapa, a veces se sortea esa dificultad quedándose en la adolescencia para siempre. Bajo el barniz de ”juventud dorada” viven angustias, tristezas que a menudo no tienen quien las reconozcan como tales. Ni siquiera la exigencia desapareció en la era del placer, cambió de lugar. Si antes había que ser “trabajador/a” en la escuela o en la casa, honesto/a y formal, hoy hay que ser hermoso – hermosa, divertido –divertida, capaz de conseguir el aspecto que abre la puerta de los boliches (o la fama) deseados. Todas ellas pueden tener consecuencias negativas aunque las primeras sean mucho más justificadas socialmente. La convivencia actual de jóvenes y adultos que quieren ocupar un lugar de tales, supone un doble juego: que los y las adultos/as nos acerquemos a conocer el clima que los y las rodean y que no renunciemos a transmitir nuestros intereses y nuestra experiencia. Que creamos un campo de comunicación en el cual compartir y encontrarnos, que sea lo suficientemente elástico para que permita la novedad pero no se diluya en la nada ni en la confusión.

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